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Eduardo Casanova

Es difícil dar con alguien que no conozca a Eduardo Casanova. Desde que le vieramos crecer en la televisión por su papel de Fidel en ‘Aída’ su fama ha ido en ascenso. Y no es para menos. Pasó de estar frente a la cámara a sentarse detrás de esta, aportando su peculiar visión creativa a nuevas historias que ya forman parte de la cultura cinematográfica de este país. Al fin y al cabo, ese fue siempre su sueño.

Tras ‘Aída’ vinieron múltiples series, obras de teatro, cortos y su primer largometraje: ‘Pieles’ (2016), una obra donde cuenta varias historias entrelazadas sobre personas que tienen discapacidades físicas y tienen dificultades para adaptarse a la sociedad, que fue seleccionada en la Berlinale y ganó el Premio Jurado Joven a la Mejor película de la Sección Oficial del Festival de Málaga 2017.

“En mis proyectos hablo mucho de mí y de lo que me interesa y me pasa en la vida. Lo traslado a lo que escribo, a lo que ruedo, a lo que creo. Hay que vivir para poder contar cosas. Hay que vivir momentos malos porque los momentos buenos no suelen ser interesantes para contar.” afirma el madrileño que pone siempre su sello personal a todas sus creaciones.

A pesar de ello es realmente interesante como Eduardo Casanova entrelaza la creación de historias en el cine con la tristeza. Él mismo cuenta que es “una profesión muy ingrata, muy complicada. Es una profesión que lo que tienes que desarrollar es tu capacidad de espera y yo soy una persona muy muy muy impaciente. Por eso, cuando estás esperando continuamente te genera un desgaste brutal. Te lleva a la tristeza, a la depresión. El arte tiene mucho que ver con la tristeza".

Aún así, lo tiene claro: no se ve haciendo otra cosa. "Si alguien me tiene que recordar, espero que me recuerde como una persona que ha dirigido toda la vida; como una persona que dirige y que dirige y que dirige, que es mi única meta en la vida".